John Popper & The Duskray Troubadours
Menudo zorro está hecho John Popper. Cuando ya nadie daba un duro por él, se rodea de unos cuantos amiguitos y saca de la chistera una delicatessen como esta en la que, faltaría más, sobresale su nombre por encima del resto. Cierto es que Popper es la estrella, por llevar la voz cantante y ser quien tiene el nombre, pero sin The Duskray Troubadours, el gordito no se hubiese comido ni los mocos. Los verdaderos ideólogos del proyecto son Aaron Beavers y el guitarrista y productor del disco Jono Manson, viejo amigo de su etapa Neoyorkina.
Abundan los medios tiempos con melodías fácilmente identificables, Popper deja de lado la pirotecnia y se dedica a hacer un gran trabajo con la armónica sin estridencias pajilleras. La mesura es clave para que las canciones funcionen de manera autónoma. De hecho, es un disco muy radiable, de los que tendrían un largo recorrido en las emisoras si hoy en día estas se dedicasen a programar música de verdad.
El gancho para que estas canciones te atrapen son sus irresistibles melodías, que se mueven por el Soul, el R&B de los buenos tiempos, el Country y el Blues en dos vertientes, uno muy reposado (escalofriante Bereft) y otro que juguetea con el Rock (el acelerado Leave It Up To Fate), curiosamente ambas firmadas por el propio John. Una balada como What Can I Do for You, que a priori no dice nada, termina destapando el tarro de las esencias. Sólo hay que hacer girar este disco tres o cuatro veces, y antes de que te des cuenta, te pasarás todo el día canturreando cualquiera de las doce composiciones.
Popper se vacía emocionalmente respaldado por una banda que no busca protagonismos innecesarios. La inmediatez de Love Has Made It So, la sencillez de Make It Better, la dulzura de Something Sweet, la campestre Champipple, los coros de Hurt So Much, la grandeza de All The Way Down, la conmovedora End Of The Line...no hay desperdicio. ¿Se convertirá esta aventura con The Duskray Troubadours en un clásico de nuestro tiempo?. Por supuesto que no, pero sus casi cincuenta minutos son un equilibrado ejercicio de eclecticismo y frescura a partes iguales. Por fín Popper aprende a evolucionar con sutileza y elegancia...quien lo diría viniendo de semejante cafre. El próximo año habrá nuevo disco de Blues Traveler, ¿volverá la desmesura?. La respuesta, my friend, is blowin´ in the wind.











