Por mucho que uno sea un romántico que intenta abstraerse del chaparrón tecnológico parapetado tras la trinchera de la nostalgia, es inevitable que la velocidad a la que avanza el siglo XXI termine arrastrándote a la locura de comprar deshumanizantes cachivaches que son muy prácticos pero más gélidos que este temprano invierno. El placer de poder tocar la cubierta de un libro, acariciar y oler sus páginas, contemplar las fotografías en todo su esplendor y emocionarse leyendo la tinta impresa sobre papel blanco no tiene parangón.
En la lucha por mantener una cordura ya perdida, me hice con este libro titulado "Stevie Wonder- A Musical Guide To The Classic Albums"que tiene ya cinco años y cubre aspectos de la vida del niño prodigio desde su nacimiento hasta la publicación del álbum "A Time 2 Love", haciendo especial hincapié en la magia de "Music of My Mind", "Talking Book", "Innervisions"," Fulfillingness’ First Finale" y "Songs in the Key of Life". El autor, Steve Lodder, recomienda pinchar los citados discos conforme la lectura avanza, pudiendo descubrir de esta manera un montón de matices nuevos. Como músico que es, a veces se pierde en aspectos técnicos pero realmente es una gozada redescubrir desde esta retrospectiva el impactante legado de las canciones de Stevie Wonder, repasando en profundidad un buen puñado de temas gloriosos.
La parte que chirría es en la que el tal Lodder afirma sin tapujos que sin la ayuda de Robert Margouleff y Malcolm Cecil, Stevie Wonder no sería Stevie Wonder. Cierto es que ambos fueron los ideólogos a la hora de programar el sonido de los teclados con los que Stevie se adelantó a todo el mundo, pero las canciones y su habilidad como multiinstrumentista salieron de la lámpara del genio y eso no admite discusión alguna. Define "Songs In The Key Of Life" como un álbum excesivo en todas sus formas -¿21 temas no son para explayarse a gusto?- que según él, hubiese sido más contenido con la presencia de Margouleff y Cecil y declara "Innervisions" como obra referencial por encima del resto -nada que objetar- pero no valora
" Fulfillingness’ First Finale" en su justa medida, y aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid para pegar veladamente unos cuantos palos a Prince, a quien considera poco menos que un pobre imitador de Stevie.
El tamaño de este artefacto es similar al de un libro de texto, por lo que es una delicia contemplar en todo su esplendor un mogollón de fotografías en blanco y negro que son realmente maravillosas. "Stevie Wonder- A Musical Guide To The Classic Albums" no es lo que se entiende por un libro imprescindible, pero sólo por recoger tantos aspectos de la carrera de este fenómeno, vale su peso en oro y es un millón de veces mejor que los últimos libros publicados sobre la vida y milagros de este genio.
Ahora que he caido en las redes de la tecnología con un aparatejo llamado Nook -la leche de práctico pero más soso que el pan sin sal- me reafirmo en el romanticismo de papel. Y más si son 240 atómicas páginas centradas en el periodo más creativo de Stevland Hardaway Judkins Morris. Es que lo mio con este tipo no tiene remedio. Lo de las nuevas tecnologías parece ser que tampoco.